El inicio de un diálogo (1 de 2)
Hace unos meses invitamos a amigos a proponer preguntas sobre lo que siempre quisieron saber acerca de la industria editorial. Ahora invitamos a personas del mundo del libro a indagar en esos cuestionamientos con una respuesta o una provocación.
21 septiembre 2026
© Xie Xiaoze.
Esta publicación se ha dividido en dos partes. Esta es la primera, y contiene preguntas abiertas hechas a editores, a cualquier editor.
Lee aquí las preguntas originales. Algunas han sido abreviadas por cuestión de espacio. Se enviaron todas a destinatarios posibles (no sugeridos en la pregunta, sino propuestos por Gris Tormenta). Solo se mencionan aquellas que recibieron una respuesta. Lee acá la segunda parte.
¿Cómo reconocer —cuando está fuera de las trayectorias reconocidas, las modas estilísticas, las coyunturas políticas o las posibilidades de venta masiva— un libro importante, un texto que va a cambiar, aunque sea un poco, el rumbo de la literatura? —Juan Carlos Franco, dramaturgo
Para reconocer un buen libro hay que dejar de lado precisamente trayectorias, modas, coyunturas y estimaciones de ventas y centrarse en el valor del texto, y más específicamente en la verdad que transmita al mismo. Cuando leemos en un libro algo bueno y nos decimos que eso que nos están contando es exactamente así, que, aunque nunca antes no lo hubiéramos visto puesto en palabras, las cosas son exactamente de esa manera, que lo que nos cuentan es verdad, se produce algo mágico. En ese momento reconocemos algo que ya sabíamos, pero que no habíamos visto formulado antes. A eso es a lo que aspira la buena literatura. Y en eso reconocemos que un libro está llamado, no sé tanto si a cambiar el ritmo de la literatura, pero sí, al menos, a permanecer. —Luis Solano, editor de Libros del Asteroide.
Siempre hay un libro de un colega que desearías haber escrito tú. ¿Tienen los editores esa misma sensación con los libros editados por otros? ¿Hay algún libro que consideras que hubiera estado mejor en tu catálogo y no en el del otro? ¿Existe algo así como la «envidia de catálogo»? —Marisol García Walls, escritora
Siempre hay un libro de un colega que desearías haber escrito tú. Si es de alguien vivo, Literatura de izquierda, de Damián Tabarovsky; si es de alguien que nos abandonó, me hubiese gustado escribir L'Afrique fantôme, de Michel Leiris.
¿Tienen los editores esa misma sensación con los libros editados por otros? Yo creo que sí, siempre hay algo que está haciendo otro editor que uno pispea para incorporar o para potenciar su catálogo.
¿Hay algún libro que consideras que hubiera estado mejor en tu catálogo y no en el del otro? Pienso en los libros de Luc Sante (ahora Lucy Sante), como Bajos fondos, Mata a tus ídolos o El populacho de París, y, aunque se trate de unx autorx vivx, creo que iría mejor en nuestro catálogo que en Libros del KO; tampoco jamás sabré cómo hizo Las cataratas, de Eliot Weinberger, para estar en una editorial caótica como Duomo... misterios de la edición.
¿Existe algo así como la «envidia de catálogo»? Claro que existe... o a quién no le hubiese gustado ser editor de Adelphi o de Pre-Textos en España o, por poner un ejemplo más vernáculo, tener el capital simbólico y fáctico que tuvo Sur en Argentina, en fin… —Raúl Andrés Cuello, editor de Partícula
¿Qué ocurre en la cabeza de un editor cuando considera un texto? No me refiero a si le gusta o no, sino a esa lectura multidimensional que abarca, simultáneamente, la escala microscópica de un signo de puntuación, la música de una frase, la arquitectura de un argumento, su lugar en un catálogo o un número, la diversidad de sus lectores potenciales, la conversación contemporánea a la que puede sumarse, las tradiciones con las que dialoga... ¿Cómo cobra forma esa inteligencia editorial, a la vez práctica y abstracta, minuciosa y panorámica, empática y exigente? —Carlos Bravo Regidor, analista político
Es inevitable que la primera reacción esté siempre filtrada por el gusto personal. Es decir, si el libro te gusta o no te gusta, si te entusiasma (en el mejor de los casos) o si te duermes a cada párrafo. A partir de ahí empieza la construcción de un posible discurso que ponga en relación ese libro con otros anteriores, con la percepción de un público potencial amplio, o al menos suficiente, con la respuesta a una necesidad no atendida en la oferta editorial presente. Y su encaje con tu catálogo. Lo primero es justificar ante uno mismo por qué hay que publicar ese libro y por qué lo debes hacer tú. Creo que son tres factores fundamentales los que actúan: tu gusto lector, tu experiencia personal y tu experiencia profesional. El peso de cada uno varía tanto sincrónica como diacrónicamente: en un mismo momento ante dos libros similares, y en momentos distintos ante el mismo libro. En esa variación está el origen de muchos errores, y afortunadamente de muchos aciertos. —Miguel Aguilar, director literario en Penguin Random House España
No es novedosa la querella ante la sobreproducción de libros. ¿Será que la obsolescencia programada es un fenómeno que no atañe solo a nuestros teléfonos celulares? Y les pregunto, editorxs: antes de publicar, ¿se cuestionan la pertinencia de un libro más allá de los dividendos que pueda generarles? —Ángel Soto, periodista y editor
Sí, la obsolescencia también puede encontrarse en la industria editorial; por ejemplo, cuando se confunde la novedad con la necesidad. En Gris Tormenta, antes de publicar un libro, nos preguntamos «por qué ese libro debe existir, qué aporta y qué perderíamos si no lo publicamos». La viabilidad económica es indispensable, pero no suficiente. No se trata de producir menos libros por principio, sino de publicar con una razón de ser. —Mauricio Sánchez, editor en Gris Tormenta
Me genera intriga cómo se sostiene la identidad de una editorial a lo largo del tiempo sin saber en el mediano o largo plazo qué textos van a ser publicados. ¿Se puede pautar o tiene vida propia? ¿La editorial acompaña las transformaciones del editor o es al revés? ¿Armar una colección de libros se parece al modo en que lxs diseñadores de moda planifican las colecciones de otoño y de primavera? ¿O al modo en el que unx curadorx piensa una exposición colectiva? En definitiva, ¿qué se puede controlar y qué se escapa de la identidad de una editorial? —Julia Levstein, artista y bibliotecaria
Antes de sacar nuestro primer título nos reunimos semanalmente durante más de dos años. Todxs teníamos experiencia en trabajos previos, éramos conscientes de muchos de los aspectos del trabajo editorial y pretendíamos reflexionar sobre ellos antes de pasar a la acción. Con lo que no contábamos era con que cada nuevo título deja al catálogo/nos deja en un nuevo lugar. No hay ningún aprendizaje que sustituya al generado por la acción (de publicar, en este caso). Por eso, cada nuevo título de RIPIO es equivalente a una nueva experiencia: genera un movimiento.
El catálogo tiene zonas de afinidad más evidentes y, a la vez, crece bajo algunas ideas capaces de albergar particularidades: ensayo, vinculado a artes, hibridaciones de ficción y no ficción. Supongo que siempre será clave mantener una mirada sobre la totalidad, y que esa mirada se mantenga leal y flexible, coherente y curiosa.
En definitiva: hay una identidad del territorio generado por el conjunto, es cierto, pero, como cualquier persona, entidad o cosa viva, ¿puede decir «yo» y cerrar la frase? —Mariana Lerner, editora en Ripio
¿Es necesario dotar de ese trasnochado tono moralizador la promoción lectora? —Ricardo López Si, periodista y escritor
Me parece que la pregunta ya contiene la respuesta o, al menos, la dirige. Estoy parcialmente de acuerdo: sabemos que la lectura no nos hace mejores seres humanos, pero también me invita a pensar y debatir alrededor del complejo momento que atravesamos, cuando las inteligencias artificiales sustituyen la lectura y la escritura en contextos educativos, laborales e incluso creativos y académicos. Hace unas décadas, el teórico Vilém Flusser se preguntaba si tenía futuro la escritura, y este es otro momento pertinente para hacernos la misma pregunta y añadir su variante: ¿tiene futuro la lectura? Los más puristas dirán: «Claro, siempre habrá quien lea», pero en el contexto de quienes queremos sociedades alfabetizadas ¿qué significa leer, escribir, reflexionar, pensar, ser partícipes de los debates que nos tocan, habitar el mundo, relacionarnos con este? Me parece que la lectura, desde luego, va más allá de leer un texto, cómo leemos y reflexionamos en torno a la vida pública, privada, en torno a lo que nos rodea. Eso merece pensar en cómo nos reta el presente a pensar en la transmisión de conocimiento; que la lectura no se vuelva (más) un acto de superioridad moral ¿será acaso el desafío que no sabemos cómo abordar?, ¿hay que abordarlo? Vamos a leer, a ver qué nos dicen los expertos. —Mónica Nepote, escritora y editora
¿Por qué considera un editor que el trabajo de un especialista va antes que el de un creador, o por qué la editorial tiene dinero para pagarle a un traductor, a un diseñador, a un corrector, a un impresor, a un promotor, etcétera, pero no a un autor, que debe esperar a cobrar en función de sus ventas? —Marc Caellas, escritor
El autor cobra, a la firma del contrato, si el editor trabaja como debería, un dinero que es un anticipo a cuenta de royalties. Ese dinero debería pagarlo el editor medio año o un año antes de publicar la obra.
Es muy frecuente que mis amigos y exalumnos que llevan ahora una editorial propia, sin más dinero que la autoexplotación, me pregunten cómo es posible que el autor cobre anticipo y la venta del libro no genere no solo ningún beneficio, sino también pérdidas, por los costes que la venta no llega a cubrir. Les respondo que la vida del editor es muy dura. Eso ocurre con muchísima frecuencia en la actualidad.
Otro aspecto diferente de la cuestión es lo del cobro de los colaboradores. Lo normal es que ellos cobren a la entrega, aunque las multinacionales aplazan el pago un mes o tres... Esto es vergonzoso. Y cobran por tarifas bajísimas.
El autor es un caso diferente. Un escritor serio escribe por una necesidad vital. Si no es así, es un mercader de palabras. Pero, si está entre los escritores serios, merece de una doble consideración, porque nos ayuda a pensar, y porque hace un trabajo material, aunque suele vivir de otras cosas, a no ser que venda cincuenta mil ejemplares de cada obra publicada.
Los royalties por ventas que cobra el autor complementan sus ingresos, a diferencia de lo que cobra el traductor o el corrector de pruebas, que viven al día.
El editor cobra las ventas a noventa días de la venta del ejemplar al librero. Cuando los editores abusan y demoran el pago, o lo escamotean mintiendo al dar cifras de ventas, o cuando pagan anticipos miserables… o no trabajan bien la venta…, lo que hacen es abusar del enorme deseo de publicar del autor, cuya obra solo existe al ser leída, y yo me avergüenzo de ellos, pues ensucian nuestro oficio.
Hay que ver todo esto sin maniqueísmo, entendiendo con exactitud todos los aspectos económicos de la edición. —Enrique Murillo, editor
¿Qué circunstancias permiten que, contra todo pronóstico mercantil y estético y quizá hasta político, un libro sea publicado porque el editor está seguro de que se volverá importante? —Juan Carlos Franco, dramaturgo
Lo primero que diría es que un libro se puede volver importante para una persona nada más, o para una editorial, o para un grupo reducido de personas. Cuando pensamos en libros, la «importancia» no tiene que ser necesariamente masiva. Si un libro, por alguna razón, marca un antes y un después en quien lo lee, el mundo se habrá «construido» un poco más en ese acto personal y anónimo.
Las circunstancias que permiten que esto suceda residen en dos lugares distintos. El primero es el catálogo: si el libro publicado es relevante para cierto catálogo, será importante para los seguidores del pensamiento o la estética de ese catálogo. El segundo es el textual: que el libro por sí solo se mantenga como texto, como lenguaje, y pueda abrir una puerta que no sabíamos que existía o que podía abrirse. Dicho en menos palabras: la circunstancia que lo permite es la voluntad de un editor que desea ser coherente con un mundo interior, no con uno exterior. —Jacobo Zanella, editor en Gris Tormenta
Últimas encuestas relámpago en esta serie:
«El inicio de un diálogo (2 de 2)», respuestas a dudas sobre el mundo del libro.
«Leerse en el otro», sobre qué libro pareciera haber sido escrito específicamente para ti.
«¿Qué es lo más raro que haces en la editorial donde trabajas?»
«Me gusta muy poco lo que leo», sobre los manuscritos que leen y rechazan los editores.