«Escribir» una antología

¿Qué conexiones inesperadas encontramos en la biblioteca de los escritores? A continuación reproducimos fragmentos de una conversación entre Julieta García González, Alejandro Merlín y Jacobo Zanella sobre la colección Miradas de Gris Tormenta y sus primeros títulos.

8 abril 2026

© Sohei Nishino


Julieta García González (JGG): La colección Miradas es una propuesta fascinante sobre una intimidad de los autores pocas veces conocida: sus lecturas. Esto es relevante porque, en buena medida, los escritores son lo que han leído. Desde el punto de vista estético, les forma una posición ante el mundo. Gracias a los libros de Miradas, los lectores nos volvemos voyeurs de esa parte tan personal. Hablemos de este ejercicio literario y de los dos primeros títulos: Cinco miradas sobre el olvido, con textos seleccionados por Margo Glantz, y Cinco miradas sobre la locura, con textos elegidos por Enrique Vila-Matas.

Alejandro Merlín (AM): Me resulta interesante esta colección porque pareciera que los autores estuvieran «escribiendo» una antología, como si ensayaran un concepto a través de la selección. Eso es novedoso, ver al escritor como comisario, como una especie de filtro temático para abrir ejes de lectura. Este ejercicio nos recuerda la importancia del papel de la edición como tamiz, más allá de simplemente las novedades. Que un lector profesional, es decir, un escritor, pueda ensamblar distintos textos de tal forma que no lo haría cualquier otro tipo de lector es algo impresionante de la colección.

JGG: Eso es cierto. Al asomarnos en esta parte reservada de los autores, descubrimos una intimidad insospechada. Por ejemplo, es curioso que Margo Glantz, en un libro sobre el olvido, seleccione textos donde los autores lo que hacen es recordar. ¿No les sorprendió este fenómeno a ustedes como editores, Jacobo?

Jacobo Zanella (JZ): Cuando nos imaginamos la colección, desde la editorial pensábamos que los lectores invitados —como decidimos llamarlos— harían una selección a través de una reducción temática. Esa era la teoría o la premisa de la colección. Pero con los primeros títulos nos hemos dado cuenta de que, cuando le solicitas este ejercicio estético a alguien, lo primero que hace, editorial o teóricamente, es definir qué es para él o ella el concepto que le proponemos. Esa definición es en extremo subjetiva, y puede ser tan personal que se salga de lo que esperaríamos. Cuando recibimos la selección de Margo Glantz, por ejemplo, notamos que en realidad eran textos contra el olvido. Es decir, había decidido explorar el concepto del olvido a través de dispositivos para no olvidar. Lo primero que hizo fue interiorizarlo, reconocer lo que significaba para ella el olvido, a su edad. Mostró no solo la experiencia personal, íntima, sino una postura. En su caso, es una postura en contra; lanzar una contrapropuesta. Eso nos parece que está muy bien, porque el objetivo de esta colección —la más subjetiva de Gris Tormenta— es ver el mundo a través de los ojos de un lector, de su biblioteca, de su memoria. Estos primeros libros son una muestra clara de cómo ellos pueden filtrar el mundo de manera especial e inesperada mediante un concepto literario.

AM: También es posible interpretar la forma en que los escritores cortaron y editaron los textos. Porque en estas antologías hay escritos completos, pero sobre todo hay fragmentos. Uno pronto se pregunta por qué eligieron esos extractos. 

En el caso de Cinco miradas sobre el olvido, pienso que escogió la memoria —es decir, la contraparte— por temor al olvido. Lo noto en el texto de Sylvia Molloy, que habla de una amiga con alzhéimer, una persona que ha perdido la capacidad fisiológica de recordar. Ahí veo un temor al suceso físico, cerebral, de perder la memoria. Lo veo a su manera en el texto de Roland Barthes sobre la muerte de la madre: Glantz escoge la parte de la obsesión del autor francés con las fotos; es decir, la fotografía no como instrumento de olvido, sino de recuerdo.

En cambio, en Cinco miradas sobre la locura pienso que no hay miedo, sino afinidad con la locura, con perder un poco la razón. El que más me fascinó de la selección fue el de Laure Adler, que habla de la escritora Marguerite Duras. Pone en evidencia la cercanía entre la locura y la lucidez: la locura como una cualidad para ver cosas que los demás no ven. Mientras Margo Glantz ve el olvido como un concepto negativo, Vila-Matas aborda la locura como algo intrínsecamente positivo; o al menos no desechable. Noto esta postura en el texto de presentación, en donde dice que estuvo internado en un manicomio militar de Melilla en 1970.

JGG: Como mencionas, cada libro de la colección tiene un texto de presentación, y en esas pocas páginas hay un breve paseo de lo que encontraremos en el resto del libro. El de Vila-Matas finaliza haciendo referencia al texto de Rem Koolhaas —que es sobre Dalí, Le Corbusier y Manhattan—, y la última oración me resultó curiosísima: «Escribo estas líneas desde una Barcelona tomada por el fenómeno brutal del turismo masivo». Encuentro un vínculo asombroso entre esta declaración y la especie de locura de Marguerite Duras de la que escribe Adler, y tal vez se deba a la edad.

JZ: Parece que, entre mayor edad tiene el invitado, más lejos ve. En esa mirada lejana empiezan a aparecer similitudes: seleccionan textos que abarcan alrededor de seis siglos, por ejemplo. En cambio, las invitadas jóvenes con las que estamos trabajando los siguientes títulos se detienen más en el siglo XX. Es interesante cómo funciona una antología y una petición de este tipo. Pero, a fin de cuentas, todas las antologías, incluso las diseñadas, tienen un toque impredecible; a veces es muy alto, en especial cuando se comisionan los textos. Toda antología tiene la posibilidad de sorprenderte. 

Cuando mandamos la invitación, no tenemos idea de qué van a escoger ni cómo se van a leer los textos juntos. Tratamos de explicarnos de forma concisa para que su reacción sea personal y no esté dictada por nosotros. A veces incluimos un par de líneas que dicen que, entre más rápida sea la selección, mejor. Pensamos que así es más probable que se cumpla el fin de la colección, que busca lo intuitivo. Aunque sospecho que no todos lo cumplen. Por ejemplo, Cinco miradas sobre el yo, con Phillip Lopate como lector invitado, es una selección extraordinaria por canónica. En general, el objetivo de la colección es que un gran lector comparta con nosotros cómo ve el mundo, cómo lee, cómo piensa en su biblioteca, cómo la recuerda, y eso nos parece que no requiere de mucho pensamiento; al contrario.


JGG: Creo que en cierta medida se nota esa idea que les proponen, especialmente por la mezcla de nombres de escritores. También se ve en la aleatoriedad, e incluso diría que se siente el «pasado» de cada uno de los lectores invitados.

JZ: Sí, podríamos llegaro a decir que esta es una autobiografía parcial, distorsionada y extraña; una autobiografía lectora: cómo leen, cómo recuerdan sus lecturas, cómo conectan los tiempos y a los autores. Eso nos parece interesante, y no solo como editorial, sino como propuesta a un lector que no conocemos y que se puede enfrentar con estas antologías desde varios puntos de vista. La antología —en este caso, la compilción— es una forma, quizá un género editorial, que nos gusta por la maleabilidad, por lo que se puede hacer con ella y por lo inesperado. También es llamativo que algunos textos seleccionados están fuera de circulación en español.

En tan pocos libros, esta colección nos ha dado sorpresas. Por ejemplo, cuando le enviamos la invitación a Vila-Matas, nos contestó que estaba trabajando en una novela cuyo tema central es la locura, acerca de un tipo loco que está relacionándose con su biblioteca. Tal vez le pareció gracioso y nos dijo que sí por esa conexión, esa coincidencia.

JGG: Y, según recuerdo, Alejandro, la antología de la locura es tu favorita.

AM: El tema me apasiona mucho. Hace algunos años traduje al español un libro de Jean Starobinski sobre el papel de la locura en la literatura, y en él incluye, entre otros, un texto sobre la melancolía en la medicina antigua que hizo que me interesara mucho tiempo en el tema. 

Pienso que Vila-Matas seleccionó textos literariamente clásicos. Uno de ellos es «El licenciado Vidriera», de Miguel de Cervantes, que recuerdo haber leído en la primaria. Me encantó volver a leerlo y darme cuenta de ciertos detalles. Por ejemplo, no recordaba qué causaba la locura del protagonista. Mientras leía el texto, intenté diagnosticarlo como si fuera una persona real, que es un ejercicio contrario a lo que plantea Cervantes, que lo que hace es ensayar los confines entre quién está loco y quién cuerdo. Seguramente no lo hubiera vuelto a leer si no fuera por esta antología, ni con esta mirada, relacionándolo con el resto de los textos. Tampoco hubiera llegado a los de Adler y Koolhaas si no fuera por la selección de Vila-Matas. Esa relación que narra Adler entre Marguerite Duras y su editor, los improperios, la desesperación: el diagnóstico podría ser senilidad o algo más. O a lo mejor solo es el reflejo de una obsesión que rayaba en la locura y que la llevó a ser una escritora destacada. O tal vez ya no tenía el esplendor de sus primeras obras, como si la lucidez se hubiera desplazado en su condición física hacia la locura. Todo eso me pareció interesante. Koolhaas habla sobre la figura y el procedimiento de Salvador Dalí de la paranoia crítica, ese jugar a estar locos; es decir, mediante un método surrealista, hacerse pasar por un loco. A lo mejor tratar de pensar como un paranoico era la forma de lucidez, una forma de oponerse a la realidad. Es un texto muy ensayístico, y me recordó a la tensión freudiana entre el principio de realidad y el principio de fantasía. Según Freud, hay momentos en que la realidad es tan insoportable o difícil de sobrellevar que el individuo, desde la psique, hace un balance con la fantasía para evitar que se psicotice. 

JGG: La locura de los personajes narrados aquí los hace ver geniales, superiores al resto, como si no fuera un problema grave; al contrario, los distingue.

JZ: Y los autores van más allá: Vila-Matas dice que toda literatura es síntoma de locura y Glantz dice que toda literatura es para no olvidar. Hay una microteoría en su selección, pero una macroteoría en su planteamiento.

JGG: Como lector, Alejandro, ¿qué te han dado los libros? ¿Qué encontraste en estas antologías?

AM: Puedo responder en dos partes. La primera es reiterar la idea de que la literatura tiene una forma particular de transmitir el conocimiento diferente al resto de otras maneras de reflexión. Decía Rulfo en una entrevista que la literatura es una forma de pensamiento que transmite valores e ideas sobre la realidad que no es sistemática, que no tiene un método, y eso es una manera de pensar o reflexionar desde otras sensibilidades, de otro tiempo. No tiene esa característica de «rebasar» el conocimiento anterior, en el sentido positivista. Eso lo veo en estas antologías, pues muestran cómo acercarse al olvido o a la locura sin la divulgación de la ciencia o sin la ciencia misma. Es decir, cómo pensar la locura sin la patología, sin la psiquiatría, sin la medicina. Lo mismo veo con el olvido. En el texto de Sylvia Molloy, por ejemplo, su amiga pierde la memoria, pero se da cuenta de que aún puede traducir; me parece interesante cómo se sublima la divulgación de la medicina a través de anécdotas y observaciones. Un médico a lo mejor diría que la paciente todavía no ha llegado a un nivel de degradación que no le permita traducir, pero Molloy humaniza el hecho de que su amiga mantenga esa capacidad. Eso es algo interesante que logra la literatura y que no se parece a otras formas de pensamiento, y en estas antologías es un eje de lectura. Otro que noto en ellas, y que tiene que ver con la edición, es cómo los editores de Gris Tormenta hacen dialogar los libros unos con otros, como si todo fuera una especie de interconexión textual. En Miradas son escritores dialogando con sus lecturas, y me parece que al mismo tiempo dialogan con otros libros, así como en Disertaciones los escritores dialogan entre sí sobre un concepto, y entonces se establece una comunicación que vuelve significativos a todos los textos.

Se dice que leer es importante, y no estoy tan seguro. En sí lo importante es para qué leemos, por qué leemos y en qué contexto. Es importante el contexto. Agarrar un libro no te va a hacer cambiar. Se vuelve relevante en cuanto tienes esa conexión, esa dimensión o ese objetivo en la propia lectura. En ese sentido, si estamos ensayando sobre qué significa olvidar, qué significa recordar o qué significa estar cuerdo, por ejemplo, uno se pregunta para qué quiero leer eso.

En mi mente, Cinco miradas sobre la locura dialogó con ¿Las razones de la locura?, del psiquiatra francés Jacques Adout, que invitó a diferentes personas a hablar sobre la razón, pero terminaron escribiendo sobre la locura; y Cinco miradas sobre el olvido con Deber de memoria, de Primo Levi, que también es sobre su contraparte, la memoria, una cualidad de la antología de Glantz.


JGG: Para cerrar esta charla, cuéntanos, Jacobo, cómo eligieron a los autores y cómo escogieron el concepto para cada uno.

JZ: En la editorial tenemos un documento con una lista de ideas que se podrían abordar en esta colección en los próximos años y otra con nombres de autores, ordenados por edad. En Gris Tormenta hay un cariño grande por los autores mayores, que inició con Editar «Guerra y paz», cuando trabajamos con Mario Muchnik y con Ida Vitale. Cuando nos escribían, usaban un lenguaje hermoso en la correspondencia, un lenguaje extraño, no común. No les interesaba lo mismo que les interesa a los autores jóvenes. Se abrió una puerta que no queremos cerrar, sino abrirla cada vez más. Hay algo en esas edades que queremos aprovechar, especialmente en la colección Miradas.

En cuanto a los conceptos, tenemos una dinámica parecida a la que les proponemos a los escritores invitados: lo primero que se nos viene a la mente cuando pensamos en tales autores. De ahí obtenemos pequeñas listas de conceptos que asociamos con ellos. Son conexiones personales, corazonadas, aunque hay unas más obvias que otras. Además, para dar a conocer la colección, fue deliberado iniciar con conceptos más universales y con voces conocidas. En un futuro no tan lejano hemos planeado introducir conceptos inesperados, siempre cuidando que entre el lector invitado y el concepto sugerido haya una relación, pero también una sorpresa. Quizá para algunas personas podrá no hacer sentido la conexión al principio, pero al leer los textos juntos se darán cuenta del porqué. Recuerdo que pensamos en Margo Glantz y en Enrique Vila-Matas y nos reímos un poco porque creímos que había una gran probabilidad de que no sucediera, de que no lográramos expresarles el sentido de la colección o de que simplemente no les interesara. Pero nos dijeron que sí. 

Un antecedente de la colección Miradas proviene de cómo han aparecido algunos libros de la colección Disertaciones —que es una colección casi opuesta a Miradas—; a veces, hablando con amigos en una charla informal, en un café, una comida, aparecen en la conversación las antologías en las que estamos trabajando, y ellos nos dan ideas de textos para incluir, algunos que nunca se nos hubieran ocurrido, pero que resultan ser fantásticos. Los escritores tienen esa otra vida, esa otra fase que nadie conoce, que son sus lecturas. Ese es tal vez el origen de esta nueva colección: mostrarle esa parte de la vida al resto de lectores.



Julieta García González (Ciudad de México, 1970) es escritora, conductora de radio y editora. Entre su obra se encuentran los libros Las malas costumbres, Pasajeros con destino y Perros y personas.

Alejandro Merlín (Durango, 1988) es traductor y escritor. Es autor de los libros de cuentos Botello murió a balazos y En busca del Taiste.

Jacobo Zanella es uno de los editores de Gris Tormenta.

La colección Miradas funciona como metáfora de la biblioteca —del universo personal y literario— de un gran lector.



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