La biblioteca personal como autobiografía

Fragmentos de la presentación de ‘Cinco miradas sobre Borges’, seleccionadas y presentadas por Alberto Manguel, en la que participaron Agustina Villella, José Miguel Barajas y Roberto Cruz Arzábal.

26 agosto 2026


Agustina Villella (AV): Me parece muy significativo que Cinco miradas sobre Borges sea publicado este año, en el que se cumplen cuarenta años de su aniversario luctuoso. Me gustaría que conversemos sobre cuál es la importancia de seguir insistiendo en la lectura de la obra magnánima de Borges.

José Miguel Barajas (JMB): Como preámbulo, este libro pertenece a la colección Miradas, que parte de la premisa en la que un lector invitado elige cinco textos que mejor representan para él un concepto literario, y con ello revela, sin mediaciones, los capítulos de su propia autobiografía intelectual. La selección y presentación son de Alberto Manguel, lector y ensayista argentino. Su selección configura un mapa subjetivo de influencias, afectos y relecturas de Borges. En el libro hay dos testimonios de amigos íntimos con distintas perspectivas —Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo—; una conferencia de un amiga y colega escritora —Marguerite Yourcenar—, donde habla desde una suerte de elegía al entonces fallecido autor; también hay un relato que entra en el terreno de ficción —Muhammad Zafzaf—, donde el autor utiliza el humor y el absurdo para mostrar lo relativo de las herejías a través de la historia y para establecer un puente entre la Buenos Aires de Borges y el mundo árabe de Las mil y una noches; y, finalmente, un homenaje —Carlos Fuentes—, un relato que transcurre en la Ciudad de México, donde un narrador, que puede ser un alter ego de Fuentes, sigue a un Borges ciego por la colonia Hipódromo. Los textos reunidos por Manguel acceden a una nueva dimensión: no solo son homenajes críticos, sino también diálogos entre sí con la obra de Borges. Bioy Casares subraya la disciplina del arte deliberado; Ocampo, la intimidad y humanidad del Borges cotidiano; Yourcenar, la lucidez del vidente ciego; Zafzaf, la universalidad de Borges como testigo de todas las herejías; y Fuentes, la potencia narrativa del Borges que reescribe todos los textos.

Uno de los grandes aciertos de Cinco miradas sobre Borges es la diversidad de tonos y enfoques. No hay una mirada canónica ni hagiográfica, los textos ofrecen a un Borges contradictorio: por una parte, al amigo generoso y al interlocutor cortante, pero también al patriota irónico, al exiliado voluntario, al escritor obsesionado por los cuchillos y al lector inagotable de Schopenhauer. La selección de Manguel privilegia el testimonio personal sobre el análisis académico, lo que hace que el libro sea accesible a los lectores no especializados, sin por ello demeritar la profundidad de los textos. Otra virtud es su dimensión internacional. Creo que cada quien, cuando lea este libro, hará su sexta mirada de Borges. Yo, por ejemplo, admiraba y quería aprender de él su contención explosiva de la síntesis, una cualidad que, además, está presente en cada uno de los cinco textos convocados por Manguel: Bioy Casares condensa décadas de amistad en anécdotas precisas; Ocampo, al humano que se sabe hombre y personaje; Yourcenar, una teoría de la ceguera en unas cuantas líneas; Zafzaf, la historia de las herejías en una fábula; y Fuentes, un homenaje como quien pone todo el Nilo en la palabra Nilo.

Cinco miradas sobre Borges se inscribe en una tradición que el autor de El Aleph habría celebrado: la biblioteca personal como autobiografía. «Cada cual su Vallejo doloroso y gozoso», dijo alguna vez Gonzalo Rojas. Aquí Manguel nos invita a asomarnos a descubrir su Borges, y la propuesta es múltiple y fértil: está el amigo, el vidente, el hereje, el ciego, el bibliotecario, el compadrito, el inmortal. Pierre Menard, que reescribe el Quijote, es el propio Manguel al elegir estos cinco textos para contarnos, sin decirlo explícitamente, quién es él como lector. Al fin y al cabo, como él escribe, «para el lector avisado, el mundo será (o ya es) Borges».

Roberto Cruz Arzábal (RCA): Recuperando la idea de la doble mirada o del doble código que aparece en estos ensayos y en toda la colección Miradas: si uno es los libros que ha leído y si uno es también los libros que selecciona para que lean los demás, esto es un espejo en el cual se nos presenta el rostro del editor, Alberto Manguel, un especialista que ha dedicado su vida a diseccionar el problema de la lectura y que, como Borges, fue director de la Biblioteca Nacional Argentina.

Me llama la atención la decisión de por qué escoger estos textos y por qué disponerlos en ese orden. Hay un halo de misterio que la rodea. Porque Manguel no declara esta decisión en ningún momento: es una labor de quien está leyendo deducir o hipotetizar sobre la elección y la secuencia de presentación. Me parece que obedece, como ya adelantaste, José Miguel, a una trayectoria que va de lo personal —de lo íntimo, de la persona— al personaje de ficción. Esta trayectoria es clara y en sí misma contradictoria, porque, aunque Borges aparecía en muchos de sus cuentos, no lo hacía en calidad de yo autoficcional, como podríamos pensarlo en las últimas décadas, sino de una manera mucho más juguetona y textualizada, como alguien que se convertía en todo su saber y todo lo que había leído, y por lo tanto aparecía como alguien dispuesto para ser leído por las demás personas. 

Cada uno de estos ensayos refracta esa doble mirada. Por un lado, al Borges múltiple —al Borges persona, Borges autor, Borges figura, Borges personaje—, pero, por el otro, nos dice también algo de la situación en la que fueron escritos. Los dos primeros textos —el de Bioy Casares y el de Ocampo— fueron publicados en una revista francesa. Ambos autores hacen recuentos familiares que, muchos años después, veremos extenderse para otorgarnos la mirada de ese Borges irónico, puntilloso, incluso acre. Es un Borges distinto al que acostumbramos a leer en su obra. Esto nos permite leerlo de manera más divertida. Después de estas dos posiciones, entra Marguerite Yourcenar, con el texto de una conferencia que dio en Harvard, en el que Borges aparece ya como un autor plenamente internacional, reconocido por una autora importante del norte global que hace una lectura muy atenta, detenida, sugerente, amorosa y generosa de la importancia de la obra de Borges, aunque por supuesto también cruza vida y libros.

El texto de Muhammad Zafzaf se publicó originalmente en árabe y fue traducido para esta antología. Me encantaría saber cómo llegó Manguel a esa obra. Borges aparece como un personaje de ficción en ese texto absolutamente posmoderno, en donde entra al más allá y es testigo del juicio contra un hereje islámico que se está convirtiendo al zoroastrismo. Nos abre la puerta no a otro Borges, sino a otro universo de Borges con el que creo que sus lectores latinoamericanos estamos poco familiarizados.

Finalmente, como todos los textos de Fuentes, el que aparece en esta antología dice mucho más de él que de Borges. Fue publicado originalmente en PMLA, que son los papers de la Modern Language Association, la sociedad más grande de estudiosos de lenguas modernas en Estados Unidos, la cual cada año hace un congreso con miles de personas que van a hablar de literatura, estudios culturales y lingüística. Es una revista académica, no literaria, y justo ahí Fuentes escribe un homenaje a Borges en clave de narrativa de ficción, y lo hace introduciendo procedimientos y referencias a los libros de Borges. Es decir, es un texto escrito guiñándole el ojo a los profesores estadounidenses que lo van a leer y que van a sentir la satisfacción de reconocer cada uno de esos guiños —una labor que a los profesores nos divierte mucho— y, además, lo hace en clave fantástica. A grandes rasgos, Fuentes se encuentra a Borges, que toma el papel de un primer Virgilio, quien lo lleva a la casa donde se encuentra el aleph; aparece también Erasmo de Róterdam, quien se vuelve una especie de Beatriz que lo ayuda a salir de ahí. Borges termina siendo una articulación y un gosne entre América Latina, la Europa del Renacimiento, la Europa preliberal de Erasmo y el mundo contemporáneo de Estados Unidos.

A pesar de que en la presentación los textos no están unidos, salvo por la figura de Borges que los va hilvanando, a partir de esta trayectoria uno puede encontrar ciertos rastros que permiten identificar a ese tercer Borges, que ya no es el autor ni el personaje, sino una manera de escribir y leer. Borges aparece entonces como una práctica literaria y social que nos muestra todos los rostros y obras literarias, y que las conecta de una manera gozosa y muy poco pedante. Aquí uno se asoma a Borges ya no como todo lo que sabemos de él, sino como una práctica literaria compleja que nos ofrece una multiplicidad de códigos y una manera generosa, completamente moderna y latinoamericana de leer literatura en diálogo con el mundo.


AV: Martín Kohan dice que Borges es un escritor nacional, mas no nacionalista. No se dedica a escribir sobre el folclorismo. Él puede ir de los cuchilleros a lo más erudito de sus recuerdos con la biblioteca de su padre y su historia y la historia de cómo se construyó el Estado Nación argentino, pero siempre en una dimensión nacional. Y esa distinción entre nacional y nacionalista es importante. El mismo Kohan lanza otro concepto: el borgismo. ¿Qué es? Es toda esa opinión mediática —que en Argentina nos preocupa mucho, y fuera también— sobre el personaje, el que apoyó a las juntas militares, pero que luego se acerca a Sábato y está en los juicios contra las juntas: ese no es el Borges literario. El borgismo es todo lo que nos aleja de su obra. ¿Y qué dice Alan Pauls?: Borges es el escritor del siglo XX argentino porque se anima a hacer todo, a estar en todas las corrientes, a probar distintos géneros literarios. Y luego hay cuestiones de gusto. Podemos estar más de acuerdo con el Borges cuentista, con el conferencista o con el poeta primigenio.

Es la primera vez que una antología de la colección Miradas está dedicada a una persona —una fundamental para la literatura latinoamericana y universal—, pero como concepto. Los textos seleccionados para este libro son contemporáneos a la vida de Borges. No fueron escritos a cuarenta años de distancia, ni con la perspectiva ni con lo que devino la literatura argentina. Ese me parece un gesto muy entrañable de Alberto Manguel, porque evidentemente son textos que guardó y atesoró por años. Este es el Borges que Manguel nos quiere presentar. Entonces, ¿qué es para ustedes el concepto literario Borges


JMB: Borges se ha vuelto un autor muy amplio: como figura, como autor y, me atrevería a decir, como un género; es decir, es un tipo de hacer que, cuando se lo lee, después es difícil alejarse o guardar distancia para crear. Borges puede entonces ser un torbellino, un universo de espejos. Con cada lectura, la obra borgesiana se reviste y recupera. Borges es un concepto, como lo has dicho —y como se propone en esta antología—, pero también es una obra para perdurar, revestirse y fortalecerse. Es un lugar común, pero Borges es un aleph, es un artefacto literario donde una nueva lectura va a decir algo nuevo. Borges es un autor que no se agota; antes se agotará uno como lector. Lo dice el propio Manguel al inicio —que recupera de Monterroso—, que, por salud, a veces hay que guardar cierta distancia con él. Borges contiene toda una visión de literatura y, como concepto, ha logrado encarnarse en un género contemporáneo.


RCA: Como concepto, Borges es profundamente productivo. No conozco a otro autor literario del siglo XX, ni siquiera más allá de América Latina, que haya dado tantas ideas a otras disciplinas como Borges. Él es con frecuencia citado por filósofos de todo el orbe como alguien que genera ideas que después se vuelven ejercicios mentales para la filosofía. Uno de los primeros casos es Michel Foucault, quien recupera precisamente varios de los cuentos de Borges, los analiza y a partir de ellos presenta su teoría del arjé, del archivo y del lenguaje en Las palabras y las cosas. Está también en filósofos de la matemática o en los neomaterialistas. Pero, al mismo tiempo, surge una cuestión interesante: Borges es un autor que, si uno hace como los filósofos y se lo toma demasiado en serio, corre el riesgo de no ver que él solía generar hipérboles ficcionales para poner a prueba la ficción y a sus lectores. Si se lee con mucha atención «Pierre Menard, autor del Quijote», uno no puede plenamente decidir si eso es una teoría de la apropiación, una teoría del autor como productor, del lector como autor, o si es un chiste que se salió de control. Si es un chiste, todas las teorías de la autoría y del agotamiento del autor son en realidad tesis fallidas, porque están basadas en un chiste que se tomó a pie juntillas. Lo interesante es que uno podría sostener las dos hipótesis, ¿«Pierre Menard, autor del Quijote» es una alegoría del nuevo autor? ¿O es en realidad un chiste para que creas que es una alegoría del autor? Lo interesante es que Borges es las dos cosas. 

En ese sentido, Borges como concepto es un espejo que refracta hacia muchos lados, y principalmente refracta a aquel que lo quiere usar. Por tal motivo, ese borgismo de juzgarlo y someterlo al escrutinio dice más de quien profiere la idea que del propio Borges. Debido a ello, me parece que él es un concepto tan rico como la locura, la infancia, el olvido o los Estados Unidos [conceptos previamente explorados en la colección Miradas]. Es notable que sea el primer nombre de un autor en esta colección, porque no sé qué tantos otros podrían ser pensados en esa dimensión conceptual —compleja, rica— que lo mismo nos ofrece la generosidad de vernos en él y al mismo tiempo nos rechaza esa mirada y nos devuelve a los textos. Tal contradicción fundamental, profundamente moderna, es Borges. Por eso creo que la filosofía y literatura se siguen asomando a su obra para ver qué tanto más podemos seguir viéndonos en él, a pesar nuestro y a pesar de él.


AV: Piglia, que fue un gran borgesiano, se pregunta por qué decimos que Borges es un buen escritor. ¿Qué hace que sea un buen escritor? Él lanza esa pregunta en cuatro clases transmitidas por televisión —que todos los lectores argentinos vamos a seguir reproduciendo hasta el final de los días, y que la editorial Eterna Cadencia transcribió en un libro titulado Borges por Piglia—; ahí Piglia plantea esta dicotomía entre el arrabal y la intelectualidad. Dicotomía que pongo un poco en tela de juicio, porque no creo que sean tan opuestos-complementarios. Pero ¿qué lo hace ser un buen escritor?


JMB: De Borges destaco la contención explosiva de la síntesis. Él nunca dejó de ser un poeta, aunque después haya «cambiado» a la prosa, al cuento —que sus cuentos son más bien cuensayos, por cierto. Como dijo Roberto, creo que Borges es un generador no solo para la literatura, sino para la filosofía y otras disciplinas, pero todo está de manera sintética y a la vez centrífuga. Hay una explosión. Borges es como un pequeño átomo de uranio; lo vemos en síntesis. Su obra, comparada en volumen con la de otros, no es tan amplia, pero en densidad nos lleva a pasar años y años. Eso es maravilloso. Es un gran escritor porque contiene de manera explosiva la síntesis de todo el conocimiento que él pretende reunir —a veces es la biblioteca, a veces es la enciclopedia británica, a veces son las religiones—, pero en su expresión nunca deja de estar el poeta. El poeta que con dos, tres, cuatro palabras nos dice todo el Nilo en la palabra Nilo. Eso puede ser sencillo decirlo, pero hay que decirlo, hay que hacerlo como lo hizo él. Eso es lo que destacaría.


RCA: Diré una variación de lo que mencionó José Miguel. Borges es un buen escritor porque en todas sus obras es alguien que sintetiza y contiene, que condensa universos que parecen dispuestos de manera natural, pero que funcionan sin que parezca que nada sobra ni nada falta. Borges es uno de los grandes autores universales porque, además, nos hace ver eso en otros escritores, nos hace ver eso en los géneros literarios. Él es una puerta al universo de la literatura: esa es una razón por la cual Borges es inevitable.



Agustina Villella (Ituzaingó, 1991) es restauradora de libros antiguos, gestora y librera en El Entusiasmo, una librería independiente fundada en el año 2022 en Xalapa, Veracruz.

José Miguel Barajas (San Andrés Tuxtla, 1983) es traductor, investigador, profesor universitario y autor del libro de ensayos Vías paralelas.

Roberto Cruz Arzábal (Ciudad de México, 1982) es editor, investigador, profesor universitario de estudios literarios y autor del libro de poemas Hasta que el musgo.

Cinco miradas sobre Borges, seleccionadas y presentadas por Alberto Manguel, con textos de Adolfo Bioy Casares, Carlos Fuentes, Silvina Ocampo, Marguerite Yourcenar y Muhammad Zafzaf.

El libro es parte de la colección Miradas, que funciona como metáfora de la biblioteca —del universo personal y literario— de un gran lector. Primeras páginas. La publicación de este libro se realizó gracias a una coedición con la Dirección Editorial de la Universidad Veracruzana.


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