El fin de los nuevos comienzos y del futuro

Verónica Gerber Bicecci y Juan Cárdenas comparten reflexiones, procesos y experiencias en torno a la antología En una orilla brumosa.

26 octubre 2021


En el libro En una orilla brumosa, doce autores, provenientes de nueve países, imaginan y exploran los futuros de la escritura y su relación con las artes visuales a través del ensayo especulativo, replanteando las herramientas con las que pensamos y hacemos arte. Los siguientes son fragmentos de una conversación entre Verónica Gerber Bicecci, editora invitada de la antología, y Juan Cárdenas, uno de los autores convocados.

Verónica Gerber Bicecci (VGB): Gris Tormenta acaba de publicar En una orilla brumosa. Sus editores me contactaron para ser la editora invitada de una antología sobre los entrecruces entre literatura y artes visuales, entre imagen y texto. Les dije que me interesaba, pero que necesitaba sumar la noción de futuros posibles o imposibles. De ahí salió esta extraña idea de pensar cómo serían en el futuro las artes visuales y la literatura.

Para comenzar, Juan, cuéntanos cómo se fue gestando tu texto para esta antología, titulado «Teoría del escombro», con el subtítulo «Una fabulita bioluminiscente sobre el futuro del arte».


Juan Cárdenas (JC):
A mí me encantó pensar el libro como una especie de gran telaraña, una metáfora que exploro en mi texto. Cuando comencé a pensar sobre el futuro del arte, mi idea estaba atravesada por una preocupación del humano contemporáneo: no hay naturaleza, no hay nada a qué enfrentarse. Yo creo que el futuro solo aparece en el horizonte cuando tengo la posibilidad de enfrentarme con alguien que no soy yo, con algo que me devuelve una imagen aterradora, peligrosa o incluso mortal, pero que es imagen de otra cosa. Al principio comencé a escribir un ensayo más normal, pero luego cambié de opinión y escribí esta especie de fabulita, con muchas notas al pie, que me permitió visitar esas ideas.


VGB:
En tu texto mencionas la diferencia entre el escombro y la ruina. Una de las frases dice: «La ruina, digamos, está irremediablemente atada a la servidumbre nostálgica respecto al original y es por eso mismo susceptible de crear una memoria reificada. El escombro ha sido liberado de esa servidumbre y está lanzado hacia el futuro».


JC:
Eso se lo debo a un texto de Cristina Rivera Garza, que para mí fue iluminador, porque yo llevaba mucho tiempo dándole vueltas a la noción de ruina, pero no a la distinción entre ruina y escombro. Y esa noción de escombro, ligada a lo que Hito Steyerl llama imágenes pobres, abre un campo de trabajo enorme. A Steyerl le interesan esas imágenes porque no están atadas a un sistema semántico de ningún prestigio, sino que la precariedad de estas le permite lanzarlas a un espacio de lo impensado, donde todavía no hemos creado ni siquiera normas de relaciones ni jerarquías. Entonces, el trabajo que queda por hacer con esas nociones es infinito, o al menos para toda una vida.


VGB:
Hay artistas que utilizan el escombro en su arte. Me interesa este tipo de resignificaciones de los materiales, y, últimamente, me importa también de dónde viene el material, cómo se produce, quién lo produce. Me pregunto si, al trabajar frente al escombro, los artistas lo convierten en ruina. ¿Qué opinas?


JC:
Es una pregunta para la que no tengo una respuesta muy clara y en la que pensaba mientras escribía mi texto. Normalmente trato de curarme de la fantasía de que el presente es muy singular. Pensando en referencias viejas, hay una cantidad de cosas históricas coyunturales que hicieron que artistas de movimientos como Fluxus o arte povera empezaran a enfrentarse con el escombro. Ellos terminaron reificando el escombro y devolviéndolo a su condición de ruina prestigiosa. Y me pregunto si eso no es un defecto congénito del objeto artístico en el mundo contemporáneo, como si fuera el destino natural de casi cualquier cosa que entra al sistema de objetos del arte. Estoy tratando, cada vez más, de introducirme en el corazón de la mercancía para intentar pensar cómo funciona y cómo es que está determinando los objetos que todavía seguimos produciendo de manera incontrolable para museos y galerías.


VGB:
Un texto que explora mucho esta idea de la mercancía convertida en algo completamente distinto, y en el fondo también dialoga con tu texto, es el de las Redes Comunales Mixes y Yásnaya Aguilar, que habla de un momento poscapitalista. Me llena de esperanza porque está ubicado en un mundo en el que el capitalismo se superó, quedó atrás y hay gente estudiándolo y desenterrando de allí ruinas y escombros.


JC:
El texto de las Redes Comunales Mixes curiosamente está vinculado con muchas lecturas que fueron importantes para la escritura de mi propio texto. El pensador amazónico Davi Kopenawa escribió un libro precioso, titulado The Falling Sky, que se relaciona con eso: nos cuesta comprender que muchos pueblos indígenas americanos se ubican en un tiempo, espacio y lugar de la historia donde el final del mundo, la gran catástrofe, ya tuvo lugar; el mundo en el que ellos vivían murió. Y por eso mismo, porque nos llevan siglos de ventaja, tenemos que aprender de ellos, de cómo se han construido estas ideas del fin de los nuevos comienzos y del futuro.

Escriben: Juan Cárdenas, Daniela Franco, Maria Fusco, Ariel Guzik, Alicia Kopf, Ursula K. Le Guin, Stanisław Lem, Cecilia Miranda, Mario Montalbetti, Redes Comunales Mixes + Yásnaya Aguilar Gil, Hito Steyerl, Olivia Teroba y Eugenio Tisselli.

VGB: Últimamente he estado pensando que sí existen utopías; por ejemplo, la resistencia de los pueblos originarios. De hecho, las Redes Comunales Mixes y Yásnaya Aguilar forman parte de un proceso de activismo en defensa del agua en Ayutla. Tienen conocimientos y nociones sobre las posibilidades de futuros que se nos escapan por completo a quienes vivimos en este mundo urbano y prefabricado creyendo que no hay una sola utopía allá fuera.


JC:
También me quedé pensando en el texto de Alicia Kopf y en cómo se relaciona con el de Ariel Guzik, ambos antologados en este libro y que hablan de cómo enfrentarse a lo otro. En su texto, Kopf hace el experimento de jugar y entablar un diálogo con un bot, mientras que en el de Guzik se habla de la creación de un dispositivo para comunicarse con las ballenas. Me parece que ambos arrojan varias cuestiones, como el enfrentamiento con el misterio de la máquina y el animal, y cómo el procedimiento textual crea las condiciones para hacer posible el encuentro.


VGB:
Otro tema que atraviesa a todos los textos de la antología es lo especulativo en términos de escritura. Esta idea de ensayar especulativamente terminó de gestarse gracias a «Reglas para predecir el futuro», un artículo que encontré de Octavia Butler, autora fascinante de ciencia ficción. En él menciona y desarrolla brevemente cuatro principios: aprende del pasado, respeta la ley de las consecuencias, sé consciente de tu perspectiva y confía en las sorpresas.


JC:
Está buenísimo, sobre todo porque conecta con Walter Benjamin, con la ruina y el escombro, y por la vía del anacronismo. La imaginación histórica escasea cada vez más y es fundamental en estos momentos. Buena parte del callejón sin salida que nos ha dejado el capitalismo es que la gente no desea, sino desea ser deseada: es una cosa horrible. Es interesante hacerse esa pregunta elemental delante de una obra de arte; es decir, la persona que hizo esto ¿desea? ¿o quiere ser deseada? Creo que debemos trabajar desde la idea de desear, no de ser deseados. El deseo es lo que todavía conservamos en nuestro corazón de la energía del Big Bang: la energía de la expansión del universo es la que está en nosotros y se manifiesta como deseo. En el libro hay un montón de claves que te permiten pensar esto desde la posición del deseo.


VGB:
Me parece increíble lo que dices: exacto, atinado, sencillo pero complejo.

Me gustaría contar, a modo de cierre, algo que dice la escritora Margaret Atwood en su libro In Other Worlds. Dice que hay libros que vienen de una genealogía que desciende de la Guerra de los mundos, de H. G. Wells, libros de marcianos que llegan a la Tierra con tentáculos que pueden succionar sangre, y que a esa es a la que ella le llama ciencia ficción; y que hay otra genealogía que desciende de literatura, como la saga de Julio Verne, que habla de viajes en submarinos o en globos aerostáticos, cosas que sí podrían pasar. Atwood se adscribe a esta segunda línea genealógica que llama ficción especulativa y dice: «No porque no me gusten los marcianos, sino simplemente que los marcianos no caen dentro de mi conjunto de habilidades; cualquier intento de marcianos hecho por mí sería muy torpe». Como una invitación a quienes no conocen En una orilla brumosa, todos los textos caen también justo en esta segunda genealogía, dentro de lo que podría suceder, pero no ha sucedido —o que, a lo mejor, ya sucedió.



Verónica Gerber Bicecci (Ciudad de México, 1981) es una artista visual que escribe. Actualmente forma parte del equipo docente de SOMA, un espacio dedicado al intercambio cultural y artístico. Como editora invitada de esta antología, seleccionó a los autores que aquí exploran los límites del lenguaje —una de sus grandes inquietudes.

Juan Cárdenas (Popayán, 1978) es un escritor colombiano. Paralelamente ha trabajado en el mundo del arte contemporáneo como galerista, crítico, curador y escritor de textos para muestras de instituciones y museos.



En una orilla brumosa es el octavo título de la colección Disertaciones, antologías alrededor de un tema debatido por un grupo heterogéneo de voces o de una pregunta que sugiere una disertación colectiva. Esta conversación se llevó a cabo como parte del programa semanal «Miércoles de SOMA».

La publicación de este libro se realizó gracias al apoyo de la Fundación Jumex Arte Contemporáneo.

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